jueves, 8 de agosto de 2013

Escogiendo Ganadores





¿Cómo deberían ser las leyes? Vayamos a encuestar a una estación de Metrovía, y  la palabra que más se repita será “justas”. Les apuesto una botella de Chivas. Y aunque definir la justicia es una tarea filosófica herculana, esto no nos impide de identificar ciertas cosas –o leyes- como manifiestamente injustas. 

Doy un ejemplo. De niño, es de la mayor importancia que los juegos en que participamos sean “justos”. Hasta cierta edad, ser “tramposo” es el peor defecto que se le puede endilgar a alguien. Y aunque ningún niño pueda explicar qué hace que un juego sea justo, sí que pueden enumerar características que le impiden serlo. Una de estas es que se puedan escoger ganadores antes de comenzar a jugar. Esta característica tan elemental de las normas se descifra en la infancia, pero es aplicable durante toda la vida.


Si las reglas del juego permiten escoger ganadores desde antes de jugar, es injusto.


Pero pese a que lo que estoy señalando es una obviedad inmensa, parece que a los legisladores simplemente se les escapa. Semana tras semana, presentan proyectos que favorecen claramente a un grupo de personas sobre otro. En la mayoría de las ocasiones ni siquiera justifican el favoritismo. Uno de estos casos es el proyecto de Ley de Incentivos a la Producción, que el Presidente envió para compensar la pérdida del ATPDEA.

Este proyecto subsidia a los exportadores, pues les reconoce el costo de los aranceles de entrada a EEUU con un certificado que pueden usar para pagar impuestos o deudas con la banca pública. Esto estuviera bien si el Gobierno redujera su gasto en igual monto que el que dejará de recibir por los certificados, pero esto ni se le pasa por la cabeza a quien redactó el texto. El resultado es que ese déficit (que se estima entre USD 24 y 30 millones) lo asumirá el Estado, y nos lo hará pagar al resto de contribuyentes tarde o temprano. Dicho de otra manera, antes de que empiece el juego ya sabemos que los exportadores ganan, y el resto de contribuyentes perdemos.  

Otro caso reciente, y mucho más polémico, es la Ley de Comunicación. Está plagada de casos donde los asambleístas eligieron quién era el ganador antes de que siquiera se inicie la transmisión. El más patente es la publicidad: de un plumazo, ganan mucho las agencias de publicidad ecuatorianas. Pierden todas las personas que nacieron fuera de Ecuador, pero que trabajan aquí en temas publicitarios. Pierden las empresas que importan su publicidad (como es su derecho hacerlo). Pierden potencialmente las audiencias, que se pierden de apreciar la creatividad del resto del globo. 

Y así, hay muchas normas más en que el Legislador escoge ganadores saltándose el juego. Solo que en la Asamblea Nacional el juego ya no son ocurrencias de niños, sino que se trata de todas las fases de interacción social, llámense mercado, intercambio de ideas, o como fuere. 

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